reflexiones

José, la justicia silenciosa (Mateo 1:18-24)

IV Domingo de Adviento – Ciclo A
(Mateo 1:18–24)

Así es como Mateo relata el nacimiento de Jesús. No comienza con cantos ni con coros de ángeles ni con cielos abiertos. Mateo comienza con un conflicto humano. Un embarazo inesperado, una decisión difícil, un hombre justo enfrentado a una situación que no encaja en las reglas. Antes del pesebre, antes de los magos, antes de la huida, está José. Y en José, una pregunta silenciosa: ¿qué significa ser justo cuando la vida no sigue el guión correcto?

José, el hombre justo

Mateo dice que José era un hombre justo. No un hombre perfecto ni un hombre obediente sin pensamiento, sino un hombre justo. En su mundo, la justicia tenía reglas claras. La ley permitía denunciar. La cultura exigía exponer. El honor masculino pedía reparar la vergüenza públicamente. Sin embargo, José decide no hacerlo. Decide esconder lo que su cultura mandaba exhibir. Decide proteger la vida de María aun cuando eso lo deja mal parado ante los demás. Su justicia no fue legalista ni moralista. Fue profundamente humana.

José rompe las convenciones. Y a veces, ser verdaderamente justo implica precisamente eso: no seguir las reglas de forma ciega cuando estas dejan de cuidar al otro. José nos muestra que la justicia que Dios reconoce no siempre coincide con la justicia que la sociedad aplaude. A los ojos de su cultura, José actuó mal. A los ojos de Dios, actuó justamente.

Dios con nosotros por medio de la decisión de José

Aquí Mateo lanza una afirmación inquietante. Desde su perspectiva, el nacimiento de Jesús depende de esta decisión. Dios no fuerza la historia. Dios no impone su voluntad pasando por encima de las personas. Dios decide necesitar la ética de un ser humano para habitar el mundo. Si José hubiera seguido las convenciones, si hubiera protegido su honor, si hubiera obedecido sin cuestionar, esta historia no habría avanzado como la conocemos.

Pero Dios no se manifiesta a José en el templo. No envía al ángel a los sacerdotes ni a los escribas. No convoca a las instituciones religiosas. Dios busca a José en lo íntimo, en lo vulnerable, en el espacio del sueño. Allí donde el control se suspende, donde el miedo aparece, donde las certezas se quiebran, Dios habla. No con explicaciones largas, sino con una palabra sencilla: “No temas”.

Dios aparece donde menos lo esperamos, pero donde más lo necesitamos encontrar. En lo cotidiano. En la duda. En la noche. En la vida real. Dios no necesita grandes escenarios para revelarse. No necesita reflectores ni celebraciones espectaculares. Se hace presente en el silencio, en la conciencia, en la decisión pequeña pero decisiva.

Entonces Mateo introduce un nombre que no es un nombre, sino una promesa: Emmanuel. Dios con nosotros. No Dios sobre nosotros, no Dios lejano, Dios con José en su confusión, Dios con María en su vulnerabilidad, Dios con una familia que comienza fuera de la norma, Dios en los pequeños detalles de la vida, acompañando incluso aquello que no entendemos del todo.

Dios se hace presente por medio de seres humanos justos

Este texto nos recuerda que Dios necesita de la ética de los buenos seres humanos para hacerse presente en la historia. Dios no actúa al margen de nuestras decisiones, sino que avanza con ellas. Busca personas justas, no en el sentido moralista o legalista, sino seres humanos capaces de poner la vida por encima de las reglas, la dignidad por encima del honor y la compasión por encima de las convenciones. La justicia del Reino no siempre coincide con lo que está establecido; a veces, ser justo implica romper lo que ya no cuida, aunque eso no sea comprendido por los demás.

Y eso es precisamente lo que esperamos en Adviento. No solo la llegada de Dios, sino la posibilidad de hacerle espacio en nuestra vida cotidiana. El Adviento nos invita a estar atentos a ese Dios que no llega con ruido ni con grandes espectáculos, sino que se hace presente en lo íntimo, en lo frágil, en las decisiones sencillas que protegen la vida. Esperamos al Emmanuel, al Dios con nosotros, que camina a nuestro lado incluso cuando no todo está claro, y que sigue naciendo allí donde alguien elige amar, cuidar y hacer justicia.

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